Ya estoy en la semana 32 del embarazo de Sofía y Simón y ellos siguen creciendo a gran velocidad. Ahora estarán de 1800 gramos aproximadamente y la redondez de mi barriga es cada vez más impresionante, pero yo sigo bien, feliz, saludable y con energía.
Cada día es una gran sensación mirarme en el espejo pero, sobre todo, lo más impresionante son las emociones que me invaden cuando veo las ondas que pasan por mi vientre. Sus movimientos son tan suaves, tan inesperados, tan propios, tan increíbles… hay tanta vida en mí, tanto amor, tantas esperanzas, tantos sueños que cada vez que se mueven los pequeñines, mi corazón se agita, se alegra, se conmueve, late más rápido.
Cuando los miro desde afuera y los siento por dentro, me dan ganas de llorar de emoción. A veces, me parece imposible el milagro de la vida, que ese milagro esté dentro de mí multiplicado por dos. Es una gran fortuna poder vivir esta historia, sentir cómo día a día se abren paso a la vida, se van fortaleciendo, van adoptando sus formas y se preparan para ver la luz, el mundo exterior. Un mundo lleno de contrastes pero que, ante todo, los espera lleno de amor, ternura, buenas energías y grandes expectativas.
Aunque todavía no han nacido, el nombre de nuestros pequeñines ya figura en la lista de invitados a las reuniones familiares que se realizan en Colombia; su presencia está en la mente de mis tías cuando salen de compras por Miami o Nueva York; adoptan la forma de camisitas, escarpines o gorros en las manos de las tías de mi esposo que están bordando ropa para ellos; toman forma en la imaginación de mi padre que se sueña corriendo detrás de ellos cuando está en la finca o en la casa; se ven como príncipes dentro de los vestidos que está terminando de bordar y de coser mi madre para su bautizo; corren felices por la casa de los sueños que está construyendo su abuelo paterno; gatean por los corredores de la finca de su abuela paterna, mientras ella los mima y los consiente; sonríen embelezados para todos sus tíos que se mueren de ganas de tenerlos en brazos; y se convierten en lágrimas de emoción y alegría en los ojos de mi esposo cuando piensa que pronto podrá brindarles sus abrazos apretados y todo su amor en directo.
Ahora se mueven otra vez, creo que sienten todo el amor, están cómodos y tranquilos. Siguen creciendo y preparándose… mientras tanto, aquí afuera seguimos esperando y soñando con su llegada.
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