martes, 30 de abril de 2013

El primer aniversario, sin ella

"No sabes cuánto amor te llevaste, pero ha sido increíble ver el que has dejado". Myriam Ojeda

El último gran esfuerzo que hizo, a pesar del cansancio y del acecho de una enfermedad que desconocía y la invadía por dentro, hizo el esfuerzo de preparar el almuerzo para la celebración de mi cumpleaños.
Ha pasado un año. Un año desde que, como lo predijeron los Mayas para el 2012, el mundo se acabó, al menos como lo conocíamos, terminó. Simple, pero trascendental: ella no está.
Cómo entender este nuevo mundo, sin tu mejor amiga, sin tu confidente, sin tu consejera, sin tu cómplice, sin tu mano derecha en muchos sentidos...
Ahora mismo, pasan por mi mente miles de imágenes sensaciones, silencios, miradas y, sobre todo, un gran sentimiento de impotencia porque frente a la muerte no hay remedio, no hay atajos, no hay frenos.
No obstante, se mezcla la certidumbre de sentirla viva, de sentirla parte de mí. Es curioso como la reconozco en muchas ocasiones mientras, de manera distraída, me miro en el espejo. Me sorprende también, cuando hablo y utilizo alguna expresión particular y alguien me dice que soy igual a ella, que es increíble el parecido.
Ahí está, sigue presente, acompañándonos.
En vida tuvo la capacidad de sembrar amor y hasta el día del hoy los frutos de esa cosecha nos acompañan porque nos reunimos, nos queremos, nos mantenemos unidos como familia sintiendo cómo ella, con sus costumbres, sus atenciones y la manera como nos educó, continúa desplegando su cariño y ayudándonos a recordarla en los grandes y pequeños rituales que se convirtieron en las maneras de hacernos suyos y nuestros.


sábado, 29 de agosto de 2009

La familia (I)

Tengo la gran fortuna de hacer parte de una familia a la que amo con todo mi corazón y de la que me siento muy orgullosa. Aunque parezca extraño, en los tiempos que corren, mis padres llevan más de 36 años de casados y se adoran, se han esforzado por darnos siempre un buen ejemplo y nos han brindado su amor y apoyo más allá de toda condición. Además, me han dado uno de los más grandes regalos de la vida: tres hermanos, cada uno de ellos maravilloso, cómplice y amigo.

Todos somos muy distintos, pero dentro de nuestras diferencias hemos encontrado la forma de complementarnos y de crear entre todos una familia unida, que nos respalda siempre, donde el amor es lo primero y la confianza y los buenos deseos para los demás priman por encima de todo. No somos perfectos, eso lo sé y es obvio, pero no cambiaría por nada del mundo lo que hemos construido y, de hecho, lo que seguimos construyendo.

He estado lejos de ellos cerca de tres años y medio, porque me lancé a la aventura de vivir lejos de mi país, pero incluso ahora seguimos juntos, son parte esencial de mi día a día y han sido un gran respaldo durante todo este tiempo en el que han pasado muchísimas cosas: mi padre ha sorteado con valentía algunos contratiempos de salud, mi madre se fortalece como el motor que mantiene en perfecto funcionamiento nuestra familia y crea día a día proyectos de diferente índole aprovechando todos sus talentos; uno de mis hermanos empieza a abrirse campo en el mundo de los negocios con su propia empresa, otro se casó hace poco y está en la labor de construir un proyecto de pareja y profesional a largo plazo; y el menor, terminó sus estudios de bachillerato y logró pasar a la universidad para estudiar la carrera que tanto anhelaba.

Por supuesto, a esta familia ha venido a sumarse mi esposo, un hijo adoptivo como dicen en mi casa, aportando sus valores y su visión particular del mundo. Es amigo y confidente en algunos casos, consejero y guía en otros, compañero de juegos y deportes cuando puede y luchador incansable cuando se trata de poner en discusión las ideas, proyectos y pensamientos particulares.

Ahora llegan Simón y Sofía… la familia crece y el amor se multiplica.

Sin embargo, sobre la familia también debo anotar otras cosas muy importantes para mí:

• Sé que la familia va más allá de este núcleo pequeño porque están los abuelos, los tíos, los primos… con cada uno ellos tenemos una historia particular: unos son más cercanos que otros, unos más amigos, algunos nos quieren más, otros siempre han sido nuestros favoritos; hay otros que, por diferentes circunstancias de la vida, del destino o de la distancia hemos perdido de vista. En fin, son los lazos de la sangre que se reconstruyen por la fuerza del corazón y nos dejan otra parte esencial de la que sentimos como familia.

• Ahora tengo una nueva familia, que también siento como propia, que es la familia de mi esposo, con sus particularidades, sus grandes talentos, sus maneras respetuosas, sus rituales maravillosos, su amor, sus sueños…

• En este viaje, sobre todo, he encontrado otros integrantes esenciales de la que siento como mi familia… Una familia que va más allá de la sangre, pero que está tan metida en el corazón que espero que no haya nada en el mundo que pueda romper ese lazo.

martes, 11 de agosto de 2009

Ondas en mi vientre

Ya estoy en la semana 32 del embarazo de Sofía y Simón y ellos siguen creciendo a gran velocidad. Ahora estarán de 1800 gramos aproximadamente y la redondez de mi barriga es cada vez más impresionante, pero yo sigo bien, feliz, saludable y con energía.

Cada día es una gran sensación mirarme en el espejo pero, sobre todo, lo más impresionante son las emociones que me invaden cuando veo las ondas que pasan por mi vientre. Sus movimientos son tan suaves, tan inesperados, tan propios, tan increíbles… hay tanta vida en mí, tanto amor, tantas esperanzas, tantos sueños que cada vez que se mueven los pequeñines, mi corazón se agita, se alegra, se conmueve, late más rápido.

Cuando los miro desde afuera y los siento por dentro, me dan ganas de llorar de emoción. A veces, me parece imposible el milagro de la vida, que ese milagro esté dentro de mí multiplicado por dos. Es una gran fortuna poder vivir esta historia, sentir cómo día a día se abren paso a la vida, se van fortaleciendo, van adoptando sus formas y se preparan para ver la luz, el mundo exterior. Un mundo lleno de contrastes pero que, ante todo, los espera lleno de amor, ternura, buenas energías y grandes expectativas.

Aunque todavía no han nacido, el nombre de nuestros pequeñines ya figura en la lista de invitados a las reuniones familiares que se realizan en Colombia; su presencia está en la mente de mis tías cuando salen de compras por Miami o Nueva York; adoptan la forma de camisitas, escarpines o gorros en las manos de las tías de mi esposo que están bordando ropa para ellos; toman forma en la imaginación de mi padre que se sueña corriendo detrás de ellos cuando está en la finca o en la casa; se ven como príncipes dentro de los vestidos que está terminando de bordar y de coser mi madre para su bautizo; corren felices por la casa de los sueños que está construyendo su abuelo paterno; gatean por los corredores de la finca de su abuela paterna, mientras ella los mima y los consiente; sonríen embelezados para todos sus tíos que se mueren de ganas de tenerlos en brazos; y se convierten en lágrimas de emoción y alegría en los ojos de mi esposo cuando piensa que pronto podrá brindarles sus abrazos apretados y todo su amor en directo.

Ahora se mueven otra vez, creo que sienten todo el amor, están cómodos y tranquilos. Siguen creciendo y preparándose… mientras tanto, aquí afuera seguimos esperando y soñando con su llegada.

martes, 28 de julio de 2009

Son independientes, aunque duela un poco

La semana pasada, unos amigos muy queridos, nos enviaron la foto del primer día de colegio de su pequeña hija de 2 años y medio y nos contaron su experiencia como padres. Mientras ella se quedaba feliz de la mano de su profesora, ellos partían con lágrimas en los ojos y el corazón partido por dejarla sola allí.

Definitivamente el tiempo pasa rápido y los hijos lo hacen más evidente. Parece increíble cómo su vida toma un rumbo independiente, en el que cada paso les permite tener experiencias propias e ir construyendo su vida particular y única.

Desde hoy empiezo a hacerme a la idea de que aunque todavía están en mi vientre, mis dos hijos son seres independientes, a quienes -como padres- ayudaremos a tener una vida feliz y satisfactoria y tendremos el placer de verlos crecer. Claro que se trata de un proceso de total interacción, donde tendremos una gran responsabilidad… pero ojalá sin que perdamos de vista que ellos, al igual que nosotros, tomarán sus propias decisiones, serán autónomos, construirán su propia vida, escogerán su propia pareja, serán ellos mismos…

Creo que puedo ponerme en el lugar de mis amigos, en el paso que significa para su hija y para ellos dejarla sola en el colegio. Me imagino perfectamente el taco en la garganta y también las lágrimas que derramaron sin que ella los viera, por supuesto, para darle valor y que siguiera con su carita feliz para el cole. Estoy segura que llegado el momento me pasará lo mismo, pero lo positivo de toda la situación es que podremos ser testigos de ese maravilloso proceso que significa crecer.

El primer día de colegio es un gran reto para los padres y también para los niños porque se abre el mundo familiar, el íntimo al mundo externo. Sólo espero que la satisfacción de ver a los hijos progresar, escuchar cómo te explican lo que aprenden, entender cómo hacen sus deberes y descubrir cómo empiezan a hacerse un espacio en su entorno, compense un poco esa pérdida que significa no ser todo en su mundo.

martes, 21 de julio de 2009

Una ciudad con mar

Es cierto que, por estos días, la llegada del verano está llena de contrastes. Por un lado, la emoción de ver las caras felices de la gente, usando ropa cómoda y ligera con colores vivos y brillantes, la posibilidad de disfrutar de días que se prolongan con su luz más allá de las 9:30 p.m... Por el otro, el agobio del calor, el sudor que no para de correr, la humedad típica de Barcelona, los olores pesados y desagradables que transitan por los vagones del metro y, sobre todo, por sus ocupantes… pero por encima de todo esto lo más maravilloso es poder ver el mar, disfrutar de él, bañarse en él, saberlo cerca y estar a menos de 5 ó 10 minutos de sus playas.

Soy de una ciudad del interior de Colombia, rodeada de montañas que está a unos 800 kilómetros de distancia del mar, por lo que cualquier plan relacionado con la costa y la playa casi siempre está ligado a las vacaciones, a un largo viaje en coche o un costoso billete en avión; a una inversión importante, a un corto periodo de tiempo -una semana por lo general-. En definitiva, a un lujo que no siempre te puedes permitir.

Por todo ello, vivir ahora en una ciudad con mar es un privilegio maravilloso que le ha agregado un gran valor a la estancia en Barcelona y que, sin duda, será una de las cosas que más extrañaré cuando vuelva a mi tierra. Además, porque trabajo en la octava planta de un edificio construido a orillas del mar que todos los días me recibe con una vista única del mar y de la ciudad con todos sus contrastes.

Barcelona tiene la particularidad de tener dos tipos de playas. Una mas “tipo Caribe”, con arenas finas, amplias playas, un mar poco profundo, pero con olas divertidas. Hacia el otro lado, está la Costa Brava, un bello lugar con un mar que cuando te sumerges en él inmediatamente se hunde y no tocas el fondo, con arenas gruesas que te quitas fácilmente del cuerpo y con bellos paisajes costeros contrastados con montañas rocosas y zonas verdes.

Creo que no ha habido ocasión en la que vayamos a la playa con nuestros amados vecinos catalanes, en la que mi marido no les diga lo afortunados que son por vivir en esta bella ciudad, tan diversa y con tantas posibilidades, porque además en invierno la nieve y las pistas de esquí están a una hora de distancia, más o menos.

Ahora, aunque mi barriga está inmensa, estoy disfrutando igualmente de la playa y del mar porque sé que es nuestro último verano en Barcelona –al menos en las condiciones que tenemos ahora-, porque al meterme al mar me siento ligera como si no cargara a dos pececitos que navegan en mi vientre y porque no quiero dejar de sentir el amado Mediterráneo de Serrat, el mar que será la referencia del lugar donde nacerán mis hijos.

Una nostalgia azul me embarga, aunque me dispongo a planear un nuevo fin de semana en la playa porque hay que disfrutar hasta el último segundo y sentir cómo me fundo con este inmenso y hermoso paisaje azul.

miércoles, 8 de julio de 2009

Lo que significa compartir una doble noticia

Cuando tenía un mes de embarazo, les contamos a nuestras familias y amigos más cercanos que seríamos padres. Compartir la noticia fue algo emocionante y sorprendente porque quienes nos conocen sabían que necesitábamos mucho tiempo para decidirnos por la paternidad, dado que queríamos finalizar varios proyectos personales, deseábamos viajar y disfrutar al máximo de nuestra vida en pareja, y anhelábamos tener tiempo y dinero para asumir un proyecto tan enorme (tanto el tiempo como el dinero siguen pendientes, pero… ésta es la vida).

Tanto los abuelos, como los tíos, primos y demás se unieron a la alegría del embarazo y empezaron a soñar con el nacimiento del bebé y con el momento del reencuentro, porque hoy vivimos en Barcelona y nuestras familias están en Colombia – a unos 9000 kilómetros de distancia.

Cuando tuvimos la primera ecografía, a la semana 12, la noticia con la que nos recibieron y que mi marido intuyó inmediatamente después de darle una mirada a las primeras imágenes que aparecían en la pantalla, fue que se trataba de un embarazo doble, dos bebés, mellizos.

En un segundo, miles de historias y pensamientos pasan por la mente. Personalmente, me invadió un ataque de risa nerviosa que era una mezcla de emoción, incredulidad y felicidad. _ ¿En serio? Le preguntamos a la doctora, pero ella de inmediato nos ratificó la noticia. Era cierto. Estábamos esperando dos bebés.

En cuestión de minutos repasas tus antecedentes familiares, miras tu situación económica y personal, revisas tus planes para la llegada de los bebés, le das una mirada cómplice a tu pareja, agarras su mano y, finalmente, sonríes… porque luego tu atención se centra en las imágenes dobles que aparecen en la pantalla. Los vimos a los dos, tan activos en el vientre, moviéndose a placer en el amplio espacio que todavía tenían, tan vivos, tan increíblemente vivos… que te dejas contagiar por su vitalidad y su energía y te olvidas de todo lo demás.

Luego compartimos la noticia con nuestras familias. Fue una extraña mezcla de reacciones, incluso más fuertes que las que vivimos nosotros como padres. Casi todos pensaban que se trataba de una broma, otros entraron en shock, otros no pudieron desatar palabra, algunos se preocuparon enormemente por nosotros y por estar tan lejos para brindarnos su ayuda… pero una vez superado el impacto inicial la felicidad se hizo contagiosa. Una maravilla: un solo embarazo, dos hijos, la posibilidad de crecer en paralelo con un hermano, el privilegio de ser los primeros nietos de ambas familias, dos pequeños para consentir y mimar. Ah! y para acabar de completar la felicidad, en la semana 20, la nueva ecografía nos permitió ver claramente que se trata de un niño y una niña. Mejor no podía ser.

Cuando compartes una noticia como éstas, las historias, consejos y predicciones empiezan a aflorar de todos lados: la carga tan pesada que soportaremos, lo difícil que es atender a dos bebés al tiempo, las pocas horas que dormiremos, lo duro que será todo este proceso, los kilos que perderemos, la locura que significará su llegada, las ventajas de que sean niño y niña...

Creo que aunque esta aventura apenas empieza, será única y diferente a todas las demás. Desde ya sentimos que todo es doblemente positivo y que esa es la actitud que debemos mantener. Por supuesto que sabemos que al principio será difícil atender las necesidades de dos pequeños que demandan toda nuestra atención y cuidados durante 24 horas, que será duro dar el pecho a dos bebés, que extrañaremos las largas horas de sueño y que estaremos muy cansados, pero estamos tan contentos, disponemos de tanta energía y tenemos la convicción de que todo saldrá bien, que estamos seguros de que seremos capaces de salir adelante con felicidad, entusiasmo y valentía.

Definitivamente este embarazo es un milagro doble y en múltiples sentidos y eso ya lo convierte en la mejor noticia del mundo, sobre todo porque podemos vivirla en primera persona.

lunes, 6 de julio de 2009

Ser o no ser madre, he ahí el dilema

Cuando miras cómo evoluciona el mundo, cómo cambian los valores de los niños y de los jóvenes, cuando te miras a ti misma -con tus defectos y virtudes- no puedes dejar de preguntarte si el mundo necesita estar más poblado, si el futuro será prometedor para las nuevas generaciones e, incluso, si estás preparada para ser una buena madre.

La verdad es que existen diferentes respuestas para cada una de las preguntas, pero hay una en particular que depende de ti, la última. Durante mucho tiempo me pregunté si a la hora de ser madre podría convertirme en una buena madre. Mi pareja tenía clara la opción de la paternidad, pero yo, en cambio, no dejaba de cuestionarme todo el tiempo esta opción.

Vemos tantos casos de niños que están descuidados, a los que les falta amor, para los que sus padres no tienen tiempo, que crecen sólo con la compañía de los abuelos o de alguna empleada e incluso vemos tantos jóvenes y adultos infelices y solitarios cuyas familias se han roto, los han dejado solos y nadie se preocupa por ellos (ni ellos mismos siquiera)…

Cuando tienes la posibilidad de construir un proyecto de pareja y de tomarte el tiempo para tomar concienzudamente todas las decisiones que tienen que ver con él, el caso de la familia y de los hijos hacen parte de muchas de las conversaciones y los planes compartidos. Dialogar abiertamente sobre este tema exponiendo las dudas, temores e ilusiones que te plantea la posibilidad de asumir la paternidad, es fundamental y básico.

Sin embargo, escuchar y aprender de la experiencia ajena siempre me ha parecido interesante. Por eso, alguna vez, le pregunté a un gran amigo, experimentado en la materia, qué pensaba sobre mis cuestionamientos, sobre mis dudas de convertirme en madre, de optar o no por la maternidad y él, a lo largo de seis interesantes y profundas páginas me planteó una serie de reflexiones y puntos de vista desde donde se podría abordar esa cuestión.

Recuerdo que me dijo que no hay una única respuesta, que depende de muchos factores (el proyecto de vida personal y de pareja, antecedentes genéticos, nuestra educación y valores, la capacidad económica, nuestros sueños…) y que sea cual sea la opción que tomemos debemos ser concientes de que se trata de una decisión que tiene consecuencias a larguísimo plazo (más de 20 ó 25 años, como mínimo) en diferentes aspectos de la vida y que es importante tener claro qué estamos dispuestos a ganar y perder en el proceso, saber que cuando nace un hijo nace una madre y también un padre (con todo lo que esto implica para la pareja, para la mujer), que para nadie es desconocido que en todo nuestro planeta termina siendo la madre la mayor responsable -real- de la crianza de los hijos, aún cuando los padres varones participen activamente…

Después de años de pensarlo muchísimo personalmente y de discutirlo con amplitud y paciencia con mi pareja, optamos por la paternidad y hoy estamos a las puertas de que sea más tangible el hecho de ser padres porque nuestros mellizos nacerán en menos de tres meses.

Por mi parte, estoy feliz con la decisión aunque respeto (y entiendo) profundamente a quienes deciden no tener hijos, pero cuando siento cómo se mueven en mi vientre, lo mucho que he disfrutado del embarazo porque ha sido buenísimo (con mucha salud y energía) y cuando sueño cómo serán los pequeños, las ilusiones, el amor y la felicidad no paran de crecer en mí.

Como pareja, sabemos que incluso hoy no tenemos todas las respuestas ni todas las certidumbres, pero lo que si tenemos claro es que vamos juntos en este gran proyecto y que estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos para ser los mejores padres que podemos ser. Sabemos que tenemos mucho amor que dar y que, sobre todo, intentaremos que nuestros hijos estén satisfechos de sí mismos y sean felices.

La aventura apenas comienza, aquí vamos…