Cuando tenía un mes de embarazo, les contamos a nuestras familias y amigos más cercanos que seríamos padres. Compartir la noticia fue algo emocionante y sorprendente porque quienes nos conocen sabían que necesitábamos mucho tiempo para decidirnos por la paternidad, dado que queríamos finalizar varios proyectos personales, deseábamos viajar y disfrutar al máximo de nuestra vida en pareja, y anhelábamos tener tiempo y dinero para asumir un proyecto tan enorme (tanto el tiempo como el dinero siguen pendientes, pero… ésta es la vida).
Tanto los abuelos, como los tíos, primos y demás se unieron a la alegría del embarazo y empezaron a soñar con el nacimiento del bebé y con el momento del reencuentro, porque hoy vivimos en Barcelona y nuestras familias están en Colombia – a unos 9000 kilómetros de distancia.
Cuando tuvimos la primera ecografía, a la semana 12, la noticia con la que nos recibieron y que mi marido intuyó inmediatamente después de darle una mirada a las primeras imágenes que aparecían en la pantalla, fue que se trataba de un embarazo doble, dos bebés, mellizos.
En un segundo, miles de historias y pensamientos pasan por la mente. Personalmente, me invadió un ataque de risa nerviosa que era una mezcla de emoción, incredulidad y felicidad. _ ¿En serio? Le preguntamos a la doctora, pero ella de inmediato nos ratificó la noticia. Era cierto. Estábamos esperando dos bebés.
En cuestión de minutos repasas tus antecedentes familiares, miras tu situación económica y personal, revisas tus planes para la llegada de los bebés, le das una mirada cómplice a tu pareja, agarras su mano y, finalmente, sonríes… porque luego tu atención se centra en las imágenes dobles que aparecen en la pantalla. Los vimos a los dos, tan activos en el vientre, moviéndose a placer en el amplio espacio que todavía tenían, tan vivos, tan increíblemente vivos… que te dejas contagiar por su vitalidad y su energía y te olvidas de todo lo demás.
Luego compartimos la noticia con nuestras familias. Fue una extraña mezcla de reacciones, incluso más fuertes que las que vivimos nosotros como padres. Casi todos pensaban que se trataba de una broma, otros entraron en shock, otros no pudieron desatar palabra, algunos se preocuparon enormemente por nosotros y por estar tan lejos para brindarnos su ayuda… pero una vez superado el impacto inicial la felicidad se hizo contagiosa. Una maravilla: un solo embarazo, dos hijos, la posibilidad de crecer en paralelo con un hermano, el privilegio de ser los primeros nietos de ambas familias, dos pequeños para consentir y mimar. Ah! y para acabar de completar la felicidad, en la semana 20, la nueva ecografía nos permitió ver claramente que se trata de un niño y una niña. Mejor no podía ser.
Cuando compartes una noticia como éstas, las historias, consejos y predicciones empiezan a aflorar de todos lados: la carga tan pesada que soportaremos, lo difícil que es atender a dos bebés al tiempo, las pocas horas que dormiremos, lo duro que será todo este proceso, los kilos que perderemos, la locura que significará su llegada, las ventajas de que sean niño y niña...
Creo que aunque esta aventura apenas empieza, será única y diferente a todas las demás. Desde ya sentimos que todo es doblemente positivo y que esa es la actitud que debemos mantener. Por supuesto que sabemos que al principio será difícil atender las necesidades de dos pequeños que demandan toda nuestra atención y cuidados durante 24 horas, que será duro dar el pecho a dos bebés, que extrañaremos las largas horas de sueño y que estaremos muy cansados, pero estamos tan contentos, disponemos de tanta energía y tenemos la convicción de que todo saldrá bien, que estamos seguros de que seremos capaces de salir adelante con felicidad, entusiasmo y valentía.
Definitivamente este embarazo es un milagro doble y en múltiples sentidos y eso ya lo convierte en la mejor noticia del mundo, sobre todo porque podemos vivirla en primera persona.